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Cuidar tu nutrición es un vehículo para cuidar tu salud y, además, contribuir a la sostenibilidad. Lo importante es contar con información de calidad. Por ello, en el Día de la Alimentación, desde FGN, te ofrecemos 10 sencillas pautas para que cuides tu cuerpo y el planeta.

En las ciudades, cada vez hay más accesibilidad a los alimentos, pero esto no conduce a una mejor alimentación. El acceso a los productos frescos retrocede en favor de alimentos procesados, con mayor contenido de sal y azúcar. Por su parte, los hábitos cada vez más sedentarios en las ciudades y la falta de educación por la nutrición en nuestros jóvenes nos está llevando a un desorden nutricional y a patrones de consumo más insostenibles.  En 2008, la población urbana superó por primera vez a la rural y se prevé que en 2030 el 60% de la población mundial vivirá en las ciudades. Esto ha cambiado, y cambiará más aún, nuestros hábitos y, por supuesto, la forma de alimentarnos.

En cualquier caso, es posible encontrar el camino para que la alimentación sea un vehículo de salud.

  1. Usa la cocina

Cuando cocinas en tu casa no añades ingredientes extraños ni empaquetas tu comida en plástico: los alimentos frescos son base de tu receta, por lo que de manera natural estarás incorporando los nutrientes de los que muchas veces carecen los alimentos procesados. La mayoría de los alimentos procesados tienen niveles altos de sal y/o azúcar en comparación con sus versiones caseras.

  1. Come local y de temporada

Cuando compras productos locales, no solo contribuyes a la economía de tu entorno, sino que evitas emisiones de gases de efecto invernadero relacionados con el transporte. Además, tienes más criterio para saber qué compras, a quién y si las condiciones en las que se ha producido te convencen. Los productos fuera de temporada o vienen de muy lejos (con una alta huella ambiental derivada del transporte) o se han producido en unas condiciones forzadas (por ejemplo, usando energía para generar un microclima más cálido). Además, no suelen tener el sabor que tienen cuando los compras en su mejor momento.

  1. Consume productos ecológicos siempre que puedas

Que nadie te cuente historias, los productos ecológicos son más sanos y tienen un menor impacto sobre el medio natural. Hay diversos metaanálisis publicados por la comunidad científica que lo respaldan: fijan más carbono, conservan mejor el suelo y no impactan sobre la biodiversidad.

  1. Menos carne y de mejor calidad

Comer o no comer carne es decisión tuya. Eso sí, reducir la ingesta de carne tiene un impacto directo sobre la reducción de la huella ambiental de nuestra alimentación. No obstante, existen formas de producir carne que se salen de estos esquemas, como es el caso de la carne de ganadería extensiva. Estos animales dependen menos de insumos externos, ayudan a mantener el paisaje y suelen estar gestionados por pequeños propietarios locales.

  1. Tus padres ya lo decían, ¡son lentejas!

Las legumbres son una parte fundamental de la dieta mediterránea y una fuente muy valiosa de proteínas. Si sustituyes una parte por legumbres (lentejas, garbanzos, judías, etc.), reduces tu huella ambiental, ayudas a conservar la biodiversidad y recibes un aporte proteico más que satisfactorio.

  1. Evita el desperdicio de comida

Compra solo lo que necesites, hazte listas de compras realistas y ajustadas a tu consumo, aprende a conservar lo que te sobre, pero no tires comida. Un tercio de la comida que se produce en nuestro planeta acaba en la basura. Cualquier alimento producido ha necesitado tierra, abonos, agua, energía. Y todo eso no habrá servido para nada si acaba en la basura.

  1. Ojo con los alimentos de moda

Regularmente, aparecen en el mercado productos que parecen tenerlo todo: un origen exótico que nos seduce, unas propiedades medicinales inigualables, un uso ancestral por parte de algunas culturas. Pero, ¿realmente no existe ningún producto local que tenga esas propiedades? ¿Cómo de sostenibles son si viajan miles de kilómetros? No te dejes arrastrar por las modas.

  1. Cuestiona la plaga del ‘sin’.

Los productos plagados de ‘sin’ muchas veces llevan a engaños. El exceso de ‘sin’ en un alimento también puede ser un síntoma de demasiado procesamiento. Sin azúcar añadido (¿acaso lo necesita?); sin gluten (¿de verdad lleva gluten ese alimento?); sin colorantes (¿no tiene color la mayoría de los alimentos?) o sin conservantes (¿en un producto no perecedero?). Mejor revisar y buscar información de calidad.

  1. Cuanto menos embalaje mejor

¿Necesitas que la verdura o la fruta vayan en una bandeja? ¿Tienes la posibilidad de comprar a granel? Si puedes hacerlo, evitarás el impacto ambiental que hay detrás de la fabricación de esos embalajes y, posiblemente, de un reciclaje deficiente.

  1. ¡Siente pasión por la comida!

Si la comida despierta tu curiosidad, tienes mucho ganado. Interesarse es el primer paso para una alimentación sana y sostenible. Prueba, lee, comparte con tus amistades, cocina para ellos, sé crítico con lo que lees y escuchas… cuanto más conozcas, más criterio tendrás para juzgar lo que es bueno para ti y para el planeta.

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