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La historia de Greta Thunberg es sólo la punta del iceberg de una nueva realidad que no necesita empujar para hacerse evidente: la conciencia verde crece entre las nuevas generaciones. En la Fundación Global Nature (FGN) somos conscientes de ello en cada actividad educativa que realizamos, en proyectos como los huertos de biodiversidad o, incluso, en correos de jóvenes de apenas 15 años que quieren adherirse a la Fundación y nos escriben que “tratar el cambio climático de manera transversal en toda la actividad es algo importante y si el activismo empieza desde edades muy tempranas, las consecuencias serán efectivas para un futuro beneficioso para nosotros y para la naturaleza”.

El pasado Día del Medio Ambiente, 5 de junio, fue un claro ejemplo de esta tendencia. La delegación valenciana de la Fundación Global Nature recibió, entre los mensajes con motivo de esta fecha tan señalada, una propuesta peculiar. El British College La Cañada, en Valencia, les invitaba a recoger el dinero recaudado por un mercadillo solidario realizado por sus alumnos con material reciclado. La historia detrás de aquella acción enganchó a los técnicos: una alumna de diez años había compartido su preocupación por el futuro del planeta tras ver el documental ‘A plastic ocean’. Decidida a cambiar las cosas, pasó a la acción y creó un ‘El Club Salva El Mundo’ y se lo contó a sus compañeros que, entusiasmados, se unieron inmediatamente. Se lo dijeron también a su profesora, porque se sentían perdidos y ella no pudo obviar la inquietud que se había generado. Tras un debate en clase, surgió la idea de la primera acción: buscar una entidad comprometida con la lucha por la salud del planeta y encontraron nuestra organización, la Fundación Global Nature.

Para consolidar este proceso, la profesora contactó con la delegación valenciana y les propuso que, de forma presencial, acudieran a recoger lo recaudado y contaran a los alumnos el trabajo que realiza la entidad. Y así lo hicieron: los técnicos Antonio Guillem y Javier Ruiz se desplazaron hasta el centro donde recibieron la donación del mercadillo solidario y explicaron algunos de los proyectos que desarrollamos y que van en la línea de lo que más les preocupaba. Hablaron de la recogida de plásticos en las costas, con el proyecto Repescaplas; debatieron la importancia de la concienciación en la economía circular y el reciclaje, con el trabajo de Huertos de biodiversidad y explicaron que existen muchos otros que cuidan de la biodiversidad como el LIFE Paludicola, que protege ecosistemas únicos y especies en peligro de extinción como el carricerín cejudo.

“Es fundamental que los alumnos puedan ver que realmente van a aportar su granito de arena”, explicaba la profesora en su carta de invitación al mercadillo. Y lo consiguieron: los pequeños vieron de primera mano que existen proyectos para cuidar del planeta y donaron 251,60 € a expertos que ya trabajan en ello, un dinero conseguido con su propio trabajo. Lo que no sabían es que, además, estaban mandando un mensaje esperanzador: ellos sí que van a construir un mundo mejor que el actual.

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