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En 2024 llovió al fin y es obligado poner en contexto que lo hizo después de una prolongada sequía de años, de esas que ponen a las administraciones a diseñar inversiones millonarias de todo tipo y planes de emergencia. Una sequía de las que no solo tensan la capacidad de garantizar el suministro de agua potable en algunas zonas, sino además de las que sacan al aire los rotos de la sobreexplotación de décadas de las masas de agua subterránea y su efecto en ecosistemas de alto valor como los humedales.

El cambio climático extrema los eventos, prolonga y recrudece los periodos secos y trae las lluvias concentradas y en forma torrencial. Puede haber una catástrofe histórica por una DANA que afecte sobre todo a Valencia pero también a Castilla La Mancha y que no muy lejos, en el Alto Guadiana, sigan en situación de emergencia extrema Las Tablas de Daimiel por la sequía sumada a la sobreexplotación no solventada de los acuíferos para alimentar el regadío. Todo esto en un país que se olvida una y otra vez de las tensiones de los años malos en cuanto saca el paraguas.

En este informe de 2025 nos centramos en tres de los humedales teóricamente más protegidos: Las Tablas de Daimiel, porque después de un año húmedo ha tenido que tomar de nuevo medidas para evitar el desastre; Doñana, que ha mejorado respecto a los dos duros ejercicios anteriores y donde se vive cierto optimismo pero que registró en enero de 2024 el menor número de aves acuáticas censadas de su historia; y este año se dedica un apartado especial a L’Albufera de Valencia, para ahondar en su evolución histórica y las razones de su estado tras la DANA.

En este informe se recoge además información de las actas de 20 años de reuniones del Comité de Humedales nacional, que reúne cada año al Gobierno central y las CCAA, a las que ha tenido acceso DATADISTA gracias a peticiones de acceso a información pública. En ellas pueden verse los comentarios sobre las llamadas de atención, comunicaciones y expedientes a España desde organismos internacionales por no estar cuidando adecuadamente sus zonas húmedas teóricamente protegidas y las reiteradas peticiones a lo largo de los años a algunas comunidades autónomas de que aporten sus datos al inventario nacional de humedales. Algunas de ellas siguen aún en 2025 pendientes de cumplir con los últimos pasos administrativos. Dos de ellas, aún no tienen ni siquiera catálogo regional. Incluso tras las últimas incorporaciones de 2024, ya actualizadas en el primer mapa interactivo de humedales de España de FGN, solo 1 de cada 4 humedales catalogados están incluidos en el inventario nacional.

Humedales 2024

El pasado ejercicio se ha catalogado como ‘húmedo’ en el Informe Climático Anual de la Aemet. Pero España, una vez más, corre el riesgo de no mirar el detalle ni a lo largo del año ni geográficamente. También de olvidarse de que el agua, incluso cuando al fin cae, vuelve rápidamente hacia arriba evaporada con el calor y que el pasado fue un año calificado también por la Aemet como “extremadamente cálido”, el tercero más cálido de la serie histórica, que arranca en 1961.

También es relevante que, aunque el verano sí fue muy húmedo en relación con la media del periodo de referencia (1991-2020), el otoño quedó simplemente en húmedo. Y que la causa del dato de otoño se concentra además en muy pocos días: entre el 28 de octubre y el 4 de noviembre. El 29 de octubre, el cielo se cayó en amplias zonas de la Península, con especial virulencia en Valencia, en una DANA que ya ha pasado a la historia más oscura de los eventos catastróficos de este país por el número de fallecidos, los daños ocasionados y también por su extensión geográfica. Ese día ha hecho de octubre de 2024 el más lluvioso desde que hay registros. Pasado ese fenómeno, noviembre fue de hecho un mes muy seco, el sexto más seco desde 1961.

Pluviometría media
                    mensual en la península desde 1961
Pluviometría media mensual en la península desde 1961 | AEMET.

La situación varía igualmente dependiendo de la región que se mire. Por áreas geográficas, en las Islas Canarias vivieron un 2024 calificado de muy seco, muy alejado del dato general. Y hubo zonas, fundamentalmente en el sureste peninsular como Alicante, Murcia y Almería donde la precipitación anual acumulada se situó por debajo del 75% de la media del periodo de referencia.

LOS SECRETOS DEL COMITÉ ANUAL DE HUMEDALES

España saca pecho oficialmente de su presencia en el Convenio relativo a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, o Convenio Ramsar; y la Iniciativa para los Humedales Mediterráneos (MedWet). Es el tercer país por número de Humedales en Ramsar, convenio al que se adhirió ya en 1982. Todo este despliegue internacional no ha evitado la apertura de expedientes, sentencias en contra desde las más altas instancias judiciales europeas y que España se haya visto en listas negras como el Registro de Montreaux del Convenio Ramsar (Doñana, Las Tablas de Daimiel).

Según el Plan Estratégico de Humedales 2030, “son siete los humedales de Importancia Internacional afectados por expedientes informativos o quejas Ramsar (Doñana, Daimiel, Mar Menor y Aiguamolls de l’Empordá, entre otros) y dos con procedimientos de infracción europeos (Delta del Ebro y Mar Menor)” , además de una sentencia en contra ya emitida (Doñana).

Según el Plan 2030 de Humedales, de los 76 lugares inscritos en la lista Ramsar, 66 tienen información obsoleta. Esto representa el 86% del total.

Aunque se repiten año tras año, en el acta del encuentro de 2018 del Comité de Humedales se puede observar el tiempo que llevaban abiertos algunos casos “de quejas Ramsar”. Citan como los “más antiguos y/o complejos (L’Albufera de Valencia, Mar Menor, s’Albufera de Mallorca, Doñana, etc.)”, y añaden que “se pone de manifiesto nuevamente que uno de los problemas recurrentes en este ámbito es que en muchas ocasiones las administraciones implicadas a las que se solicita información (en general CCAA, pero también administraciones locales y diversos departamentos de la Administración General del Estado) no responden o lo hacen con mucho retraso. Se destaca que lo fundamental es mantener correctamente informada a la Secretaría Ramsar, lo que resulta imposible si no se dispone de la información de detalle necesaria para ello”.

En el encuentro de 2019, tras reiterar los casos abiertos en términos muy similares, “se traslada a los miembros del Comité de Humedales [Gobierno central y representantes de todas las comunidades autónomas] la demanda de que se incremente el interés general y el nivel de implicación necesarios para informar sobre estos casos y poder avanzar en su resolución”.

En la de 2020, la representante de Andalucía informaba de la celebración de una reciente Misión en Doñana” y se comprometía “a enviar igualmente toda la información a la Secretaría del Comité de Humedales para su posterior remisión a Ramsar”.

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, dependiente del Gobierno central, se había tomado también su tiempo para hacer oficial la declaración de sobreexplotación del acuífero de Doñana y con ello poner el contador en marcha para tomar medidas para revertir su daño. Dicha declaración apareció en el BOE precisamente el 24 de agosto de 2020. La presión de Europa era ya enorme. En junio de 2021, el Tribunal Superior de Justicia de la UE emitía sentencia condenatoria a España, aún sin sanciones, por no cuidar Doñana y sus hábitats de los efectos de las extracciones tanto de la agricultura como del complejo turístico de Matalascañas.

ALBUFERA DE VALENCIA, ALLÍ DONDE FRENÓ LA DANA

El cielo se cayó sobre Valencia el 29 de octubre de 2024. Las imágenes de calles colapsadas por coches arrastrados por la fuerza del agua, las cifras de fallecidos, las calles embarradas y la destrucción de viviendas, infraestructuras, carreteras, vías de tren, quedarán para siempre en la memoria y en la historia de las grandes catástrofes ocurridas en España. Hubo algo mucho menos visible. El lago de L’Albufera de Valencia recibió el torrente de agua y la contuvo, actuando como regulador de su virulencia en su camino hacia el mar. El nivel del lago empezó a subir hacia las 18 horas del 29 de octubre, según el informe de seguimiento del Parque Natural, pasando en once horas de una profundidad de unos 15 centímetros a un metro y 10 centímetros, nivel alcanzado a las 5 horas del día 30 de octubre. Desde ese punto, el agua del lago empezó a descender muy lentamente a pesar del enorme flujo de salida hacia el mar a través de las golas que conectan L’Albufera con el Mediterráneo. La superficie inundada de L’Albufera se incrementó desde los 41km2 el 26 de octubre a 70km2 el día 31. ¿Cómo funciona L’Albufera? ¿Cuál es su historia y su estado, antes y después de la DANA?

Mueve la flecha para ver el antes y el después
Imagen de satélite de la Albufera el 31 de octubre de 2024
Imagen de satélite de la Albufera el 26 de octubre de 2024
La imagen del satélite Sentinel-2 de la izquierda muestra la situación de la Albufera de Valencia el 26 de octubre de 2024; a la derecha, la situación el 31 de octubre, unas 42 horas después del paso de la DANA. | Copernicus y elaboración propia.

A 10 kilómetros al sur de Valencia, separada del Mediterráneo por un brazo dunar de 1.000 metros de ancho pero conectada con el mar por tres canales o golas, L’Albufera de Valencia es uno de los ejemplos más nítidos de la historia de los humedales costeros en España. Cómo surgió, cómo cambiaron sus aguas, cómo se dañó, los planes para revertir ese daño y sus fallos y retrasos, así como su fragilidad a medida que el cambio climático avanza, son un catálogo de la evolución de este tipo de zonas húmedas.

De lo primero que es ejemplo L’Albufera es del tiempo que tarda la naturaleza en formar un ecosistema privilegiado y lo rápido que el ser humano es capaz de dañarlo. Baste comentar que el origen del lago de L’Albufera, que antes que lago fue un golfo, se remonta al Pleistoceno, y que nació a base de acumularse arena por la deriva del litoral y cerrarse de forma natural el brazo de tierra que ahora separa el lago del Mediterráneo. Por eso las aguas del lago eran en principio salinas.

Su paso al agua dulce es mucho más reciente y sí, totalmente vinculado al ser humano. Primero, a base de echarle caudales de interior para alimentar el regadío de huertos y arrozales en cantidades tales que generaban una enorme cantidad de los llamados “sobrantes”. Segundo, por el bloqueo de la entrada de agua procedente del mar, especialmente con el cierre de la Gola del Rey a principios del siglo XVII. El cierre de las golas con compuertas tenía de nuevo una causa económica, ya que era para regular el agua y forzar su sentido hacia el mar en función de las necesidades del cultivo del arroz y de la pesca. L’Albufera salobre, sin vegetación, pasó a ser un lago somero de agua dulce con densas praderas submarinas.

L’Albufera de Valencia
L’Albufera | Bruno Durán

Dicho esto, L’Albufera es otra más de esas zonas húmedas que, sobre el papel, parecería de las que se quisieron proteger más temprano. Si en el siglo XIX se había hecho todo lo posible para ir ganando terreno a la laguna para cultivar, en 1911 la ciudad de Valencia se hizo con la propiedad y, aunque la extensión del cultivo del arroz siguió mermando la zona húmeda, la ciudad del Turia se preocupó en los años 30 del siglo XX por convertir el lago y su entorno en un parque público que puso en valor el enclave para los valencianos.

Actualmente es, a nivel regional, Parque Natural; a nivel europeo, Lugar de Importancia Comunitaria y Zona Especial de Protección de Aves y, a nivel internacional, está dentro de la Lista Ramsar.

Pero el ladrillo mezcla mal con el agua.

La situación de L’Albufera está amarrada al llamado Plan Sur, el desvío del río Turia tras la riada de 1957 que impulsó el fuerte crecimiento urbanístico de los municipios al sur de Valencia. Donde habitan humanos, de allí salen sus aguas residuales y este país no se ha caracterizado por preocuparse a tiempo de su depuración ni en sus zonas más protegidas.

Fruto de aquel crecimiento urbanístico, en los sesenta se inicia ya el proceso de contaminación de la laguna. Malas redes de saneamiento y crecimiento demográfico son el cóctel letal al que solo le falta ser abonado por los nutrientes de la agricultura. Residuos orgánicos, detergentes, pesticidas y nitratos se unieron en el humedal y, aunque en los setenta ya se aprueba desde el Ministerio de Obras Públicas un plan con la vista puesta en la descontaminación, con ambiciosas obras de construcción originalmente de hasta tres estaciones depuradoras, en 1976 ese plan se cambia por uno basado en un único colector, el llamado colector Oeste. Entre que uno pone su idea y quita la del otro y se aprueban obras y se acometen, los trabajos se fueron retrasando, modificando, ampliando los planes.

Ese ir y venir de papeles con membrete acabó provocando disfunciones tan dañinas como que la puesta en funcionamiento de la depuradora Pinedo I en 1982, que daba servicio a la mayor parte de la ciudad de Valencia, al no estar terminado el sifón que discurría bajo el cauce desviado del Turia, acabase vertiendo sus efluentes directamente hacia L’Albufera. Y todo ello cuando quedaban años para que se inaugurase Pinedo II, la planta de depuración de las aguas de la zona metropolitana sur, que no llegaría hasta 1992.

Durante todos aquellos años por tanto, a los vertidos no depurados del área metropolitana del sur se les unió la carga que venía del otro lado del río, de los restos de las aguas residuales que salían de la ciudad de Valencia. Nutrientes a mansalva que eran abono puro a coste cero para el arroz, que de hecho ha ejercido de gigantesco filtro verde del agua que acababa en la laguna, pero abono igual de efectivo para el fitoplancton de L’Albufera. El detonador del cáncer de las zonas húmedas: la eutrofización. El Plan Especial de L’Albufera ya recogió la paradoja de gastarse en abono añadido cuando ya viene con el agua y sugiere “reconsiderar las necesidades de fertilización, teniendo en cuenta las cantidades de nutrientes ya aportadas por el agua de riego”.

El ladrillo volvió a asomar amenazante en 2004 en el conocido como Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) de L’Albufera de Rafael Blasco, entonces conseller de Territorio, que quiso hacer urbanizables bajo determinadas circunstancias algunos de los suelos del Parque Natural, a pesar de su especial protección. Esa pretensión era ilegal, como se encargó de recordarle el Tribunal Superior de Justicia y después ratificó el Supremo al anular esas intenciones del PRUG. Hace un año, en el día de los humedales, el actual Gobierno de la Generalitat se comprometió a aprobar el nuevo PRUG, aún pendiente, en esta legislatura.

Ahorrar agua, el paradójico problema de L’Albufera

Desde los noventa, a medida que se inauguraban obras y sobre todo se daba una milagrosa capacidad de coordinación entre las administraciones en algunas de ellas, mejoró algo el estado de la laguna en cuanto a contaminación pero otro cambio se estaba operando ya para entonces: la disminución de los caudales llegados al lago desde el Júcar y el Turia procedentes de los regadíos precisamente por la modernización de los mismos para ahorrar agua. Esa disminución no había hecho más que empezar.

Albufera de Valencia
Albufera de Valencia
Diferentes momentos en L’Albufera | Bruno Durán

El lago de L’Albufera depende más que nunca de las lluvias, especialmente entre los periodos que se conocen como la Perellonà, que se da de noviembre a enero y coincide con el tiempo en que se cierran las compuertas de El Perelló, Perellonet y Pujol para dejar que el agua inunde los campos de arroz; y la Aixugà, cuando las compuertas se abren para que los campos se sequen. Ese ciclo del arroz, en un año de lluvias otoñales abundantes, puede favorecer la formación del mayor lago de España en la fase de compuertas cerradas.

En las fichas del Comité de Humedales se refleja hasta qué punto la lluvia lo es todo desde hace mucho tiempo en L’Albufera. Las intensas lluvias de 2015, por ejemplo, a pesar de producirse en un año por lo general seco, lograban una buena inundación invernal, una mejoría de cantidad que redundaba en mejor calidad de las aguas al diluir la concentración de contaminantes y un reflejo en los datos de reproducción de aves como el pato colorado y la focha común. Un año después, al no haber lluvias, la inundación de los campos de arroz debía hacerse con el agua del lago, provocando “un importante descenso del mismo”. Por entonces, Generalitat y Ayuntamiento de Valencia ya reclamaron a la Confederación Hidrográfica del Júcar que fijase una concesión específica para el lago. Volvían las lluvias, volvía la mejoría en L’Albufera.

El otoño de 2018 fue ejemplo de una de esas buenas perellonàs, que llegó a prolongarse hasta cinco meses, que en las actas del Comité de Humedales describen como “lluvias caídas cuando tienen que caer”. Ese informe, sin embargo, también confirmaba “la absoluta reducción de los aportes de la Acequia Real, lo que supone la casi imposible recuperación del lago”. Ya se habla en ese informe de la colaboración entre el gobierno autonómico y la Confederación Hidrográfica del Júcar para elaborar un Plan Especial que dote de agua L’Albufera. La discusión, de nuevo, el volumen de dotaciones y su origen.

En la documentación del comité de 2020 se apunta a otro de los problemas de cada año: los efectos de la putrefacción de los restos de la cosecha del arroz. “En cuanto al problema de la eutrofización en L’Albufera, un problema continuado desde los 70, tras dos buenos años (2016, 2017) con niveles medios cercanos a 50 ug/l de clorofila (indicador del nivel de actividad fotosintética de la vegetación flotante del agua), estos dos últimos (2018, 2019) se ha estancado en el doble 100 ug/l. Otra característica es la desaparición de las fases claras que aparecían en invierno. Una época especialmente importante en este Parque, al que 20.000 hectáreas de campos dedicados al cultivo del arroz rodean el lago de 2.000 hectáreas, es la invernada. Sin embargo y relacionado con la putrefacción de los restos del arroz, se producen procesos de anoxia con las primeras inundaciones en otoño hasta que descienden las temperaturas”.

Desde el Plan Hidrológico del Júcar 2009-2015 se puso como objetivo proteger el estado del lago de L’Albufera, especialmente mediante la reducción de su estado de eutrofización. En aquel plan se establecieron unas necesidades mínimas hídricas para el lago de 167hm3/año que se incrementaron sensiblemente en el plan del siguiente ciclo (2016-2021), hasta los 210hm3/año, cantidad mantenida en el último Plan (2022-2027).

Se ha priorizado en este último plan el envío a L’Albufera de las cantidades de los desembalses técnicos del embalse de Tous y del Turia pero el enfrentamiento entre administraciones, ecologistas y diferentes agentes de los últimos tiempos y los duros años secos son prueba de los problemas para cumplir con lo establecido.

En diciembre de 2023, ante la escasez de lluvias y el color parduzco del agua de L’Albufera durante semanas, nada típico de esa época del año, un acuerdo de la Confederación del Júcar, la Generalitat y el Ayuntamiento cedió agua a L’Albufera ‘a crédito’ como quien dice porque se aprobó el envío de caudal que no estaba previsto hasta seis meses después.

Asociaciones ecologistas dieron la voz de alarma por el escaso caudal en la desembocadura del Júcar, achacando la situación al mantenimiento del trasvase hacia el Vinalopó y exigiendo medidas contra las extracciones de agua del acuífero de la Mancha Oriental, así como la declaración de sobreexplotación. Pidieron así mismo un aumento de los caudales ecológicos y que las transferencias a otros destinos solo se permitan cuando haya caudal sobrante que no afecte al río, L’Albufera y los regadíos históricos.

A menos de 15 días de la DANA de octubre de 2024 y una década después de que se lanzase la idea, se logró un pacto firmado en la Lonja de Valencia por 13 ayuntamientos y con presencia de diputados autonómicos y nacionales para apoyar que L’Albufera sea declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. La catástrofe ha añadido valor a este ecosistema.

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Estado de L’Albufera de Valencia y recogida de residuos tras el paso de la DANA del 29 de octubre de 2024 | Andreu Rico Artero, Instituto Cavanilles Biodiversidad y Biol. Evolutiva (ICBBE)

La Dana arrastró a L’Albufera numerosos sedimentos, vegetación, especialmente una enorme cantidad de cañas, obstruyó acequias y vías de desagüe de la corriente. Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales dejaron de funcionar adecuadamente de forma temporal y hubo que arreglar los bombeos, desatascar acequias y empezar la recogida de residuos desde que el agua empezó a bajar de nivel.

Los residuos arrastrados son muestra de cómo el torrente, al no encontrar libre paso en zonas inundables, entró en la vida cotidiana, en las casas, en campos agrícolas y viveros y se llevó por delante hasta sus últimos detalles, que acabaron en el lago: aerosoles, productos de limpieza doméstica, disolventes y pinturas, productos farmacéuticos y cosméticos, fitosanitarios, combustibles líquidos, bombonas de gas, macetas, plantones, cepellones, conductos de riego por goteo… se han tenido que ir retirando y llevando a puntos de acopio para su posterior tratamiento. Los trabajos de retiradas de restos calculaban un volumen de residuos retirados que a mediados de diciembre eran ya de más de 1.500m3. Buena parte de esos residuos se concentraron en la zona norte, acumulados sobre todo en las acequias que sufrieron un mayor caudal, como Font del Fus y Rabisanxo, y en el barranco de Beniparrell, así como las zonas de marjal de Catarroja, Massanassa y Silla. Algunos de ellos, potencialmente peligrosos, tuvieron que trasladarse a una localización especial, como los 9m3 de medicamentos y los 15m3 de otros productos químicos retirados a mediados de diciembre.

Precipitación media en
                        la provincia de Valencia en el mes de octubre desde 1950
Precipitación media en la provincia de Valencia en el mes de octubre | AEMET.

El efecto de la DANA en la fauna del Parque no podrá evaluarse con suficiente información hasta la primavera de 2025 aunque en el censo de aves de finales de noviembre ya se ha podido observar sobre todo un importante cambio en la distribución espacial de las aves. Y la vegetación, aunque lógicamente afectada, no perdió la raíz.

La situación actual es que aún se encuentra con gran cantidad de residuos que se vieron arrastrados por la riada. Poco a poco, las administraciones los están retirando y se han aprobado ayudas económicas para ello.

LAS TABLAS DE DAIMIEL, HUMEDAL SIN AGUA

Según el último informe de sequía y escasez hecho público por la Confederación Hidrográfica del Guadiana a principios de 2025, el 1 de diciembre de 2024 la superficie inundada de Las Tablas de Daimiel era solo de 62 hectáreas. Es el 3,6% del total de la superficie inundable. Un charco de lo que fue este humedal gigantesco y teóricamente hiperprotegido desde hace décadas. Un humedal que se formaba al unirse en llano las aguas del Guadiana, el Gigüela y las aguas subterráneas del Acuífero 23, que de tan abundantes rebosaban en superficie.

Meses en los que se han activado los pozos de sequía. Envío de agua desde la tubería manchega.

Superficie inundada en las Tablas de Daimiel (en hectáreas). | CHG.

Los planes de desecación del franquismo primero y la sobreexplotación de esas aguas subterráneas para la agricultura después, con miles de pozos legales que ya superan la capacidad de regeneración del acuífero a los que se sumaron miles ilegales (7.000 según calculó el Plan del Alto Guadiana de los que se han regularizado la mitad), hace mucho tiempo que dejaron Las Tablas a merced de las lluvias y las transfusiones artificiales.

Laguna de la Nava en 1918
Masas de agua subterránea en mal estado y buen estado cuantitativo en la cuenca del Guadiana y extensión del acuífero 23. | Confederación Hidrográfica del Guadiana, IGN

Según el Plan Rector del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel aprobado en 2017, el “objetivo mínimo de inundación” son “1.400 hectáreas inundadas a comienzos de primavera y 600 hectáreas a finales de verano”. Desde que se inició la última sequía se ha estado alimentando al parque de diversas formas y aún así ha habido periodos en que la superficie inundada ha estado en torno a 20 hectáreas. En septiembre de 2023 llegó a estar en 6 hectáreas, según el informe de escasez y sequía de la Confederación Hidrográfica del Guadiana de ese mes.

Las Tablas de Daimiel vigilan de cerca la superficie encharcada porque se sabe perfectamente el riesgo que corre el Parque: volver al desastre de 2009. El acta referida al encuentro del Comité de Humedales de 2009 recoge que el 6 de febrero de aquel año, cuando la sequía iba ya para cuatro ejercicios, el Gobierno de España recibió un escrito de la Secretaría Ramsar, que gestiona el prestigioso convenio internacional de humedales, preguntando por la aplicación del Plan del Alto Guadiana, uno de los mayores ejercicios de análisis de la situación de una cuenca que se han hecho en este país y que, en teoría, se había diseñado para mejorar la complicada situación del Parque Nacional de las Tablas.

Laguna de la Nava en 1918
Tipos de cultivo en la cuenca del Guadiana: Viñedos, Terrenos regados, Arrozales, Frutales, Olivares y Mosaico de cultivos | Confederación Hidrográfica del Guadiana, CORINE Land Cover 2018

El Plan había puesto cifras al daño a los acuíferos y al Parque debido a la puesta masiva en regadío de los cultivos de la región tras la sequía de mediados de los años noventa. Tras aquel famoso periodo seco, España había vuelto a hacer lo que suele: medidas de compensación al campo que estresaron los acuíferos cuando ya sí llovía, incrementando la demanda de agua y dejándolos con muy poca capacidad de cumplir su función de respaldo cuando la sequía volvió. Del fin de aquel periodo seco de los noventa procede el cambio legislativo que permitió poner en regadío el viñedo, un cultivo originalmente de secano que tenía prohibido ser regado. El efecto llamada fue inmenso.

De las 20.000 hectáreas regadas de los años setenta del siglo XX en el Alto Guadiana, dice el Plan que se pasó a más de 200.000 hectáreas en la primera década del XXI, bebiendo en su mayoría de acuíferos que ya estaban sobreexplotados. El Plan del Alto Guadiana diseñó medidas, fórmulas de reducción de la superficie regada pero al llegar el nuevo periodo de sequía en la primera década del siglo, el Parque entró en coma.

El acta del Comité de Humedales de 2009 recoge que no fue solo Ramsar desde donde se pidieron explicaciones a la situación, el 2 de marzo fue la Comisión Europea la que escribió a España para saber si se estaba aplicando la directiva Hábitat en las Tablas. La escasez de agua en el Parque mostraba ya su debilidad extrema pero la realidad era mucho peor de lo que se veía en superficie. Para entonces ya se estaba gestando lo que saldría a la luz cuatro meses después. A la falta de agua se unieron las altas temperaturas del verano y la capa vegetal bajo el suelo del humedal entró en combustión. El IGME llevaba años alertando del riesgo, que podía volverse irreversible. Pero el incendio, al ser subterráneo tardó en verse.

Cercetas pardilla en Las Tablas de Daimiel en enero de 2024
Garza Real en Las Tablas de Daimiel en enero de 2024
Un grupo de cercetas pardilla y una garza real en Las Tablas de Daimiel en enero de 2024 | DATADISTA

Ni siquiera se sabía de él públicamente en octubre de 2009, en la reunión del Comité de Humedales, donde se siguió el guion habitual: afear a las comunidades autónomas que no estaban aportando su catálogo de humedales al inventario nacional para permitir su protección, detallar tareas pendientes y listar las quejas y expedientes de organismos internacionales contra España que empezaban a acumularse, incluidos los referidos a Las Tablas.

Diez días después de la reunión, el diario El País publicó que el Parque ardía bajo el suelo desde hacía meses. El humo se colaba ya entre las grietas. Información, reacción. Las medidas tardaron en anunciarse menos de dos semanas. Se informó de que se habían comprado varias fincas en el entorno del Parque y que se iba a sacar agua de pozos situados en las mismas para humectar la turbera y sofocar el incendio. Fue entonces cuando se diseñó el plan de apertura de sondeos de emergencia que han sido los que han vuelto a entrar en acción el pasado mes de diciembre. De estos se pueden extraer hasta 10 hm3 al año más 2 hm3 de los derechos de las tierras adquiridas para evitar la autocombustión pero el agua sale del mismo acuífero sobreexplotado que debería alimentar Las Tablas de forma natural. También se diseñó entonces una canalización para llevar agua desde el Tajo pero pronto se vio que hacerlo en superficie provocaba la evaporación de la mayor parte del agua y esta medida ha acabado descartándose con el tiempo.

Los pozos de emergencia se abrieron entonces pero no se empezaron a usar hasta 2020. ¿Por qué? Porque a finales de 2009 empezó a llover. Tanto que en enero del año siguiente se alcanzaron 1.500 hectáreas del Parque inundadas, frente a las alrededor de 20 has del otoño. Durante varios años llovió tanto que incluso volvieron a aparecer temporalmente los Ojos del Guadiana, que llevaban secos desde 1984.

En la reunión del Comité de Humedales del año siguiente, celebrada en Doñana el 1 de octubre de 2010, se habló, según el acta, de Las Tablas pero para felicitarse por la buena situación del Parque. El Gobierno parece dar a entender que han sido sus medidas y no la lluvia las que han logrado que desde la Comisión Europea le hayan transmitido a España, aunque aún “informalmente”, que se va a dejar en suspenso el procedimiento de infracción abierto por la situación del enclave protegido debido a la evolución del último año. Y así hasta la siguiente sequía.

Patos cuchara y flamencos
                    en la marisma de Doñana
Situación de Las Tablas de Daimiel en enero de 2024. | DATADISTA

A Las Tablas se las ha alimentado con trasvases de ríos en superficie, medida que ha acabado casi descartada por el escaso volumen de agua que llega debido a la evaporación; los pozos de emergencia, que sacan el agua del mismo acuífero sobreexplotado que ha causado el desastre; y se las alimentó excepcionalmente con agua del Tajo canalizada a través de la llamada tubería manchega, que entró en funcionamiento en 2023 para dar agua de beber a decenas de pueblos de la región. Se trata de una infraestructura que no tiene permitido tener fines medioambientales pero que se usó para Las Tablas aprovechando el periodo de pruebas.

El 26 de diciembre del año pasado, cuando España parecía respirar respecto a los peores momentos de la sequía, Las Tablas empezaron a ser alimentadas de nuevo de forma artificial con el agua de los pozos de emergencia. Según fuentes del Ministerio de Transición Ecológica consultadas el último día de enero, actualmente hay “202 hectáreas encharcadas tras la activación de la batería de sondeos. La superficie actual inundada es muy similar a la del año anterior, cuando también se activó la batería de sondeos en fechas similares. (…) El bombeo se está desarrollando con normalidad encharcando progresivamente las turbas asociadas al cauce original del Guadiana dentro del Parque Nacional”.

Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real) son Parque Nacional, Reserva de la Biosfera, humedal incluido en la lista Ramsar del convenio relativo a los Humedales de Importancia Internacional, parte de la Red Natura. Y se encuentra casi desaparecido cuando no llueve por la sobreexplotación de las aguas subterráneas que lo crearon de forma natural.

LO QUE PASA EN DOÑANA NO SE QUEDA EN DOÑANA

El Parque Nacional de Doñana no tiene igual que se le compare en el Mediterráneo. Ni en el sur de Europa ni en el norte de África. No ha habido ni hay enclave, por tamaño y diversidad de hábitats, con la capacidad de acoger y dar alimento a cientos de miles de aves acuáticas cada invernada como hace Doñana. Cuando tiene agua, claro.

Por otro lado, las aves migratorias son uno de los indicadores más evidentes de que este planeta es uno y el cambio climático un fenómeno con efecto dominó. La joya ecosistémica de Doñana, con su localización estratégica tanto como lugar de paso entre Europa y África para las aves migratorias como destino final para invernada de otras, es un claro ejemplo de ese efecto.

Patos cuchara y flamencos
                en la marisma de Doñana
Patos cuchara y flamencos en la marisma de Doñana. | Rubén Rodríguez Olivares.

La nueva realidad de las temperaturas está provocando desde hace años por un lado que las aves pre-saharianas, las que buscaban destino de invernada en puntos del sur de Europa como Doñana o como mucho el norte de África, se queden ahora más al norte. Al mismo tiempo, especies trans-saharianas, que llegaban incluso hasta el Sahel en su ruta migratoria, invernan ahora en Doñana.

Que esto no lleve a engaño. No es un fenómeno de suma cero. La evolución del total de aves censadas no solo es negativa sino que, en 2024 siguió cayendo, alcanzando su mínimo histórico.

Según el censo aéreo de aves de la Estación Biológica de Doñana, que se hace desde los años setenta del siglo pasado con avioneta y cubriendo todas las grandes zonas húmedas del parque (lagunas permanentes, marismas, riberas de ríos, arrozales, balsas de acuicultura y salinas) en enero de 2024 se contabilizaron solo 43.989 aves en Doñana, que además no se localizaron mayoritariamente en la marisma, sino que casi un tercio encontró refugio en las aguas de la piscifactoría de Veta la Palma y un 16,3% en las salinas de Bonanza, puntos artificiales cuya agua no depende del régimen de las lluvias.

Entiéndase bien la importancia de esta cifra: solo ha habido cuatro eneros de toda la serie en los que el número de ejemplares censados haya estado por debajo de los 100.000 y dos han sido en esta década. Hace tan solo 20 años, en enero de 2005, se registraron 178.907 aves, y a principios de los noventa se alcanzaban las 600.000.

La causa es clara. El bajísimo nivel de precipitación entre septiembre de 2023 y enero de 2024 hizo que la marisma estuviese casi seca en enero, momento de realización del censo internacional de aves acuáticas y el mes que habitualmente coincide con el de mayor número de aves. Esto también fue una anomalía, porque el máximo de ese año hidrológico se situó esta vez en noviembre de 2023 (79.186 aves, de nuevo por debajo de 100.000).

Por especies, ánsares y patos, normalmente los individuos más abundantes, registraron también mínimos. Es un deterioro que sufre especialmente una de las especies míticas del parque: el ánsar común que, con 4.337 ejemplares, se ha situado en su peor cifra histórica. Solo el flamenco común puede destacarse por aumentar en el ejercicio hasta 34.507 individuos respecto al anterior pero muy lejos del promedio de 50.000 ejemplares de los últimos años y más de los 70.660 del ejercicio 2014-2015.

Flamencos en la laguna de Santa Olalla durante el mes de octubre de 2024
Flamencos en la laguna de Santa Olalla durante el mes de octubre de 2024. | Alejandro Muñoz, EBD-CSIC.

Y todo esto tiene un nuevo efecto dominó. Cuando en la laguna de la marisma casi no hay agua, la Estación Biológica de Doñana señala en su informe anual que “las aves acuáticas se ven obligadas a buscar refugio en otros lugares” y que esto afecta a su capacidad de sobrevivir en su travesía hacia el norte de Europa.

Esa es otra de las claves del efecto en las aves del estado de los humedales. Que cuando el volumen de agua depende tanto de las lluvias, tiene que llover lo necesario y en el momento preciso.

El cambio climático ha prolongado los periodos secos. Pero el efecto de la última sequía se hizo mucho más patente por la histórica sobreexplotación de las aguas subterráneas que afectan al Parque, llegando a secarse dos veranos consecutivos (2021-2022 y 2022-2023) la laguna de Santa Olalla, teóricamente permanente. Si se mira estrictamente el periodo hidrológico septiembre 2023-agosto 2024, la laguna de Santa Olalla no llegó a secarse por completo pero lo hizo nada más iniciarse el siguiente periodo: en septiembre de 2024, debido a la ausencia de lluvias y la evapotranspiración. Lo mismo les ocurrió a la laguna Dulce y a Sopetón.

Flamencos en la laguna de Santa Olalla durante el mes de octubre de 2024
Imagen de satélite que muestra la evolución del índice normalizado de agua (NDWI), un indicador que resalta la cantidad de agua, en Doñana durante la segunda semana de abril, desde 2017 hasta 2024. | Copernicus y elaboración propia.

La importancia de esa desecación completa tres veces en un periodo tan corto adquiere muchísima más relevancia si se tiene en cuenta que ni en la durísima sequía de mediados de los años noventa ni en la de mediados de la primera década del siglo XXI se llegó a secar por completo.

¿Hay espacio para el optimismo? Sí pero sin echar las campanas al vuelo. Las precipitaciones de otoño de 2024 en el centro del Parque, donde habitualmente llueve menos, con efecto directo en la marisma fueron “muy positivas”, ha explicado Eloy Revilla, director de la Estación Biológica de Doñana. Asumiendo que no se han dado precipitaciones extraordinarias sino en los niveles medios para otoño e invierno, los sistemas acuáticos han vuelto a demostrar que son muy resilientes y tienen una capacidad de recuperación muy importante. Las lluvias caídas desde otoño sirvieron para cambiar la dinámica de mortalidad de la vegetación y el agua cayó de forma que empapó el terreno, permitiendo la filtración al subsuelo y hacia los necesitados acuíferos.

“Hay estaciones más al norte, en el Condado de Huelva por ejemplo, donde ha llovido mucho más porque está en cabecera” y esa agua “va al acuífero. También en la cuenca de la Rocina y eso es muy positivo”, explica Revilla.

MAPA: Regadíos en Doñana

Cultivos regados en el ámbito del Plan Especial de ordenación de regadíos en la Corona Norte de Doñana
Cultivos regados fuera de la cartografía oficial de "Suelos Agrícolas Regables" en la Corona Norte de Doñana
Situación de los cultivos regados en la Corona Norte de Doñana
Situación de los cultivos regados en la Corona Norte de Doñana en la campaña 2021-2022 analizados por WWF mediante teledetección | Fuente: WWF, MITECO, CHG, IGN y Junta de Andalucía. Elaborado por DATADISTA

Ahora está por ver que el acuerdo alcanzado entre las administraciones central y autonómica, de signo político distinto, y los fondos Next Generation destinados a Doñana, afiancen esa mejoría. Una de las claves de la estrategia aprobada es la reducción de las extracciones de agua subterránea, eliminando las ilegales y sustituyendo las legales por agua superficial procedente de la cuenca del Tinto, Odiel, Piedras. Esto último exige de unas infraestructuras para el trasvase que tardarán tiempo aún en ser una realidad a pesar de que lleva aprobado desde 2018.

De nuevo, Doñana no es solo Doñana y, en un contexto de cambio climático en el que otros muchos humedales del entorno mediterráneo están en declive, si se logra mantener un buen estado en el Parque Nacional español puede aumentar incluso su valor. “Porque las aves acuáticas tienen la capacidad de localizar los mejores lugares disponibles. Hay que considerar que las zonas húmedas están en regresión de forma genérica en toda la cuenca del Mediterráneo lo que aumenta también el valor de Doñana”, explica Eloy Revilla.