• El documento es una llamada de atención al sistema agroalimentario del que todos participamos, basado en la expansión de cultivos de dudoso rendimiento social y ambiental
  • La Fundación Global Nature anima a todas las personas a aportar su grano de arena y ejercer su función de consumidor con responsabilidad y retoma su campaña #YoComoSostenible

Madrid, 12 de agosto 2019

Cada día elegimos qué comer y con esa decisión contribuimos al cambio climático: entre una dieta rica en carne (+100g/día) y una dieta con un consumo moderado (menos de 50g/día), hay una diferencia de hasta 1 tonelada de C02eq de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) por persona. Nuestras decisiones como consumidores cuidan o perjudican nuestra salud, pero también la del planeta.

La información del recién publicado informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático) de la ONU se centra en el uso de la tierra y, por primera vez, apunta una relación directa entre el cambio climático y la degradación del suelo, algo que la Fundación Global Nature (FGN) aplaude al considerarlo fundamental. En concreto, el documento dice que “una mejor gestión del suelo puede contribuir a frenar el cambio climático, aunque no es la única solución”. En definitiva, se trata de cambiar la perspectiva, dejar de mirar al cielo para comenzar a mirar al suelo.

El documento es una llamada de atención al sistema agroalimentario del que todos participamos y que está basado en la expansión de cultivos de dudoso rendimiento social y ambiental. De hecho, asegura que son necesarias “políticas que reduzcan el despilfarro de comida e influyan en la elección de determinadas opciones alimentarias”, una idea que define parte de la línea estratégica de Fundación Global Nature y que se refleja en diversos trabajos como LIFE Food&Biodiversity, las cadenas de aprovisionamiento sostenible o los planes de acción de biodiversidad para empresas agroalimentarias, entre otros.

Ante este contexto, la FGN anima a todas las personas a aportar su grano de arena y ejercer su función de consumidor con responsabilidad. Se trata de elegir conscientemente y apoyar con la cesta de la compra, por ejemplo, alimentos sostenibles que, además de nutrientes, hayan generado en los campos una menor contaminación y más riqueza natural. En esta misma línea, la FGN retoma ahora su campaña #YoComoSostenible para dar visibilidad en redes a apuestas sanas y sostenibles y animar a los ciudadanos a hacer lo mismo.

Suelos sumideros de carbono

Este informe apunta que se podría revertir la situación y que nuestros suelos actuaran como sumideros de carbono, pero, para ello, es necesario repensar qué y cómo producimos, ya que las emisiones no dejan de aumentar y con ellas el riesgo de empobrecer a campos y personas en determinadas regiones del planeta. Algunos de los datos que arroja el informe son ilustrativos:

  • Un 23% de las emisiones de GEI provienen del uso agrario y forestal.
  • Desde 1961 la producción total de alimentos (cereales) ha aumentado un 240% porque estos cultivos se han extendido y han aumentado sus rendimientos.
  • La producción de fibras (algodón) ha aumentado un 162% desde 2013.
  • Entre un 25 y un 30 % de la comida producida en nuestro planeta acaba derrochada.

En resumen, existe una tendencia veloz y sin precedentes en la intensificación y aumento en la producción de alimentos, piensos y fibras junto a un aumento en la demanda de alimentos, ambos relacionados con cambios en nuestros patrones de consumo, con mayor obesidad, sobrepeso y calorías consumidas per cápita. Por tanto, que las emisiones no dejan de aumentar y con ellas el riesgo a empobrecer a campos y personas en determinadas regiones del planeta.

Ya hay estudios que demuestran que los consumidores de alimentos ecológicos, debido a una mayor toma de conciencia sobre su alimentación, tienen dietas mucho más ajustadas a las recomendaciones de diferentes organismos internacionales de salud. En España, por ejemplo, consumimos alrededor de 110 gramos de proteínas al día, prácticamente el doble de lo recomendado por la OMS. El 65% de estas proteínas son de origen animal con un impacto en emisiones de GEI mucho más alto que las emisiones derivadas de las proteínas vegetales (ej. lentejas o garbanzos).

Desde la Fundación Global Nature no obstante queremos apuntar la gran diferencia que unas carnes y otras suponen: no toda la producción tiene el mismo impacto, la carne ecológica y extensiva mantiene ecosistemas de alto valor ecológico, los pastos son grandes sumideros de carbono, y la explotación extensiva de esos pastos suele conllevar empleo, biodiversidad y paisaje. Se trata pues de consumir carne de forma más moderada y selectiva, apostando por la calidad en vez por la cantidad.

 LIFE Agridapt: medidas en la agricultura

Desde Fundación Global Nature trabajamos en un modelo alimentario sostenible para combatir la crisis climática, ponemos en marcha medidas sostenibles de adaptación al cambio climático con proyectos como LIFE AgriAdapt. Este trabajo ha comprobado que las explotaciones agrarias más adaptadas al cambio climático son aquellas que favorecen un suelo vivo, con una buena estructura y un alto contenido en materia orgánica. De esta forma, hay mayor acumulación y retención de agua y, por tanto, son suelos más resistentes frente a los periodos de estrés hídrico que se proyectan en los diferentes modelos y escenarios del cambio climático.

Las medidas que favorecen mejoras en los suelos son aquellas que evitan el suelo desnudo, por ejemplo, con cubiertas verdes en cultivos permanentes, incorporar los restos de podas en leñosos, cultivos intermedios en las rotaciones de herbáceos, mantener rastrojos o restos de paja tras las cosechas, entre otras. La diversificación de especies en las explotaciones y, sobre todo, rotaciones ricas a nivel de parcela; promover el cultivo de variedades tradicionales y locales; etc. Además, estas medidas favorecen la biodiversidad y la resiliencia, o lo que es lo mismo, la capacidad de adaptarnos y resistir mejor ante los cambios.

Existen otros muchos ejemplos de medidas en la web

Comemos más y peor

Si relacionamos la diversificación de la producción agrícola, la disponibilidad de diversidad alimentaria y nutrientes para el consumidor y la agrobiodiversidad o el tamaño de las explotaciones, observamos que mientras en los países pobres el acceso a una gran variedad de alimentos depende directamente de las producciones locales, en pequeñas explotaciones los cambios de uso del suelo han favorecido monocultivos de commodities, empobreciendo la biodiversidad y la salud, es decir, se ha empobrecido a la población.

Por otro lado, en los países ricos, donde las redes de distribución están mejor estructuradas, tenemos mejor acceso a una gran variedad de alimentos y potencialmente a estar más sanos, observamos que somos más obesos, aumenta nuestro sobrepeso y consumimos demasiada proteína animal, con riesgos para la salud derivados de esa forma de alimentación. Es decir, comemos más y peor.

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